Home Opinión Varios Volvo Masters 20 años, del fax al WiFi

Volvo Masters 20 años, del fax al WiFi

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Recuerdo que era un otoño fresquito, llegamos con toda la ilusión y los bártulos a Sotogrande, se empezaba a disputar un nuevo torneo que además era la final del Circuito Europeo. Mel Pyatt, conocedor de la Costa del Sol, había dirigido el campo de golf Atalaya, y Jaime Ortiz Patiño, dueño de Valderrama, anteriormente campo norte de Sotogrande denominado Las Aves, habían llegado a un acuerdo que posteriormente beneficiaría enormemente al desarrollo del golf en Andalucía, la idea era crear una gran final del circuito europeo para Volvo en un campo que le diera prestigio al evento.
A Jaime Ortiz un magnate perfeccionista que hacía poco tiempo que había adquirido Valderrama la idea le sedujo y se puso manos a la obra, empezó a rediseñar con la ayuda de Robert Trent Jones senior el campo para convertirlo en un referente europeo y mundial, el trabajo era ingente pero Patiño estaba dispuesto a conseguirlo.
A Jeff Kelly y Antonio Sánchez editores de Andalucía Golf, se les ocurrió la idea de hacer un diario del evento y repartirlo por toda la zona desde Sotogrande hasta el Rincón de la Victoria en todos los campos de golf y puntos de información turística para promocionar el torneo en la zona y que el público conociera el desconocido campo de Valderrama, lo hablaron con Jimmy y Mel y a los dos les encanto la idea.

Las comunicaciones para acceder al campo en el año 88 no son las que conocemos ahora, una única carretera sinuosa de la costa de un solo carril unía Estepona con Sotogrande, esto hacía que las distancias fueran grandes y que atraer al público golfista de Marbella, Mijas y Málaga, donde se aglutinaban los campos de golf entonces, no fuera fácil.

Cuando llegamos a la sala de prensa en el año 1988 nos encontramos con una jefa de prensa joven pero con experiencia, María Acacia y su equipo... sus chicas. Ahora sus “chicas” ya son señoras con su familia, sus niños y sus ocupaciones. Pero siguen unidas al equipo como es el caso de Carmela y Marlies que han estado el pie del cañón en todos estos años.

El salón de actos del club fue la primera sede de la sala de prensa, no era muy grande, pero se acomodaba perfectamente a las necesidades del torneo, algunos de los redactores tanto extranjeros como españoles escribían a mano o en sus máquinas de escribir portátiles automáticas, las manuales se habían dejado de usar, aunque todavía algún reportero le pegaba a la tecla. Se oía en la sala el ruido típico de estos artilugios que ahora serían simples cachivaches..

Los faxes de la sala de prensa echaba humo desde el primer día del torneo, todos los redactores pedían línea para enviar sus crónicas, y los comunicados a las agencias también se remitían por fax. Era el invento del siglo, incluso los mapas del campo o los logos de patrocinadores y campo se podían enviar por este medio, todo un milagro.

Los fotógrafos tenían un sitio especial en la sala de prensa, detrás del tablón de resultados, (este sistema si que no ha cambiado, sigue siendo manual y esperemos que siga así siempre, no se, es como mas fiable). En una cuartito, en bambalinas, a la derecha del escenario, Josele y Rafael Díaz, revelaban sus carretes en blanco y negro. Josele sacaba copias en papel para que posteriormente Jeff Kelly y Antonio eligieran las mejores instantáneas para ilustrar el diario del evento. Se disponían todas en una mesa y llegaba el momento de la decisión. Rafa Díaz las enviaba a Efe mediante un instrumento diabólico había que pegar la foto a un cilindro y empezaba a dar vueltas mientras una aguja leía línea a línea la fotito.

Los periódicos de la época se editaban en blanco y negro, el color quedaba para las revistas que salían muy posteriormente.

Otro tema divertido era la maquetación, el periódico del evento lo maquetaba Raimond Hilu, actualmente un médico de estética muy renombrado. El maquetador de origen libanés disponía de un ordenador, elemento hostil de la época que pocos se atrevían a utilizar. El programa utilizado para maquetar estaba en un lenguaje desconocido para el normal de los mortales, con unos códigos y cifrados que solo conocía el gurú libanés, para que la letra tuviera un cuerpo más grande o se imprimiera en negrita había que escribir anteriormente una línea completa de parámetros algo así como “hgyri#&lm5//)jc0p” y después el texto a imprimir, pues increíblemente aquello funcionaba. Los textos se entregaban escritos a mano y se "picaban" en el artilugio.

Al final se imprimía una página con los espacios para las fotos y se llevaban a la imprenta Gráficas Marbella, por la carretera sinuosa que comentábamos, en la imprenta esperaban con la offset engrasada y preparada para entrar en acción.
Primero había que hacer los fotolitos de fotos y texto y después las planchas. Las máquinas entraban en acción, el olor a tinta y el ruido de la máquina nos daba un respiro, primer día del primer Volvo Masters, labor cumplida, solo quedaban 3 días más. A las 7 de la mañana los repartidores distribuían el diario por todos los campos de la Costa del Sol, a las 8 cuando los jugadores empezaban a llegar a los campo tenían información fresca, nunca mejor dicho, la tinta aun húmeda todavía se podía pegar a los dedos del lector.

Los redactores extranjeros sobre todo británicos escribían sus crónicas incluso a mano, si no había tiempo para florituras y las enviaban por fax a sus medios en toda Europa, incluso se dictaban por teléfono folios y folios para cerrar ediciones. El periódico de turno les encargaba equis folios y tantas líneas. Cada redactor tenía un teléfono fijo en su puesto, eso de los móviles era ciencia ficción, nadie se hubiera creído que en pocos años todos estarían con el móvil encima todo el día.

Han pasado 20 años y estamos en el siglo XXI, en la sala de prensa, una carpa supermoderna, no se oye ni una mosca, solo un ligero seseo de los ordenadores portátiles, los emails vienen y van a toda pastilla, las fotos son digitales, las cámaras disparan en el campo sin parar y los JPGS se distribuyen a la velocidad del rayo por todo el mundo, la sala de prensa es de lujo asiático, con espacio para el descanso de los redactores y fotógrafos, el diario del torneo se envía en página maquetada completa y en color directamente a la imprenta de Morón, en Sevilla, e increíblemente sigue llegando puntualmente a todos los campos de la costa a las 8 de la mañana y la redacción del diario tiene una oficina totalmente equipada. Está crónica la escribo en mi ordenador portátil con Microsoft Word, para cambiar a negrita solo tengo que pinchar un botón, tenemos televisiones de plasma en toda la sala y no se nos escapa detalle. El teléfono fijo en mi puesto ya no existe, Marlies ya no me persigue el último día para que le pague los pasos de teléfono. Estoy conectado mediante WiFi a Internet y voy a enviar esto en un santiamén.

Pero añoro el olor a tinta de las 4 de la mañana en la imprenta Graficas Marbella, quizás porque era 20 años más joven.

Alberto Fernández Galindo es delegado de Golfspain.com en Andalucía
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