No soy muy amigo de resúmenes porque no me gusta echar la vista atrás. Yo se de una que se convirtió en estatua de sal por volver la cabeza cuando no debía y, por si acaso, prefiero recordar los hechos para que me sirvan como información a la hora de analizar el futuro. Así que los resultados golfísticos del 2008 son un buen referente para mirar al 2009 y presagiar lo que se avecina.
Escribo estas líneas el 30 de diciembre, justo cuando Eldrick Woods, Tiger para los amigos, cumple 33 años y lleva 65 victorias conseguidas en los torneos de la PGA norteamericana y 14 Majors conquistados. Con la rodilla izquierda herida, de la que ya había sido operado anteriormente, Tiger Woods ganó cinco de los siete torneos que jugó hasta junio: el Dubai Dessert Classic, a finales de enero, única ocasión en la que viajó fuera de los Estados Unidos; el Buick Invitational en Torrey Pines, en California, a primeros de febrero; el WGC Accenture Match Play, en Arizona, a finales del mismo mes; en marzo, el Arnold Palmer Invitational, en Bay Hill, Orlando, Florida, y el U.S. Open, en junio, en Torrey Pines, donde había vencido en el Buick Invitational cuatro meses antes. Pero como acostumbra a ganar todo lo que juega, sus seguidores debieron decepcionarse cuando en el Masters de Augusta solo quedó segundo; pero lo peor, toda una catástrofe, se produjo a finales de marzo, en el Doral Golf, en Miami, Florida, cuando el Tigre solo pudo quedar en quinto lugar. ¡Vaya fracaso!
“Fracasos” al margen, el número 1 del mundo, cojo y todo, arrasó hasta llegar al Masters, quedó segundo en Augusta detrás de Trevor Immelman y se metió de nuevo en el quirófano para poder jugar en junio el Open USA.
Y lo jugó. Vaya si lo jugó. Y estuvo cinco días arrastrando la rodilla por el South Course de Torrey Pines californiano, hasta que el lunes 16 de junio de 2008, el corazón de Rocco Mediate -el único que pudo llevarle a una quinta jornada de desempate a 18 hoyos y a un mini play off donde Tiger, hizo valer su primacía-, quedó enterrado bajo la rodilla herida del número 1.
Fue un episodio histórico para el golf igual que, salvando las distancias, lo fue el de Wounded Knee Creek, donde quedó definitivamente enterrado el sueño de la nación india. Lo refleja fielmente el escritor norteamericano Dee Brown (ojo, no confundir con Dan Brown, el autor de “El Código Da Vinci”) en su libro “Bury My Heart at Wounded Knee” (“Enterrad Mi Corazón en Rodilla Herida”) donde relata la masacre que el Séptimo de Caballería inflingió a más de 300 indios sioux, sin ropas para cubrirse ni armas para defenderse, en un frío y nevado amanecer de 1890 en Dakota del Sur.
El capítulo de Torrey Pines, no fue ni cruento, ni el tiempo era frío y con nieve; pero a la vez que quedaron enterradas las esperanzas del veterano Rocco Mediate, se abrió la veda de la caza de un Tigre que, hoy por hoy, no tiene un sucesor claro.
Ahora, todo depende de la vuelta del Boss. Habrá que saber cuál es su estado actual. Mucha herida en la rodilla me parece para que lleve más de seis meses en el dique seco. No se en los Estados Unidos, pero las noticias que llegan a España sobre su forma física no son muchas, ni claras. Si es cierto que reaparece en algún torneo anterior al Masters para intentar su quinto triunfo en Augusta, podremos valorar lo que puede ser su temporada.
Pero a la gran incógnita de Tiger hay que sumar en 2009 otra interrogación no menos importante. Más, incluso, para los aficionados españoles. ¿Será capaz Sergio García de ganar ese Grande que tiene tan a tiro, después de su triunfo en The Players Championships de mayo pasado? A mí me parece que sí, que ya ha llegado momento. No veo a otro jugador con más posibilidades de seguir la estela de Tiger que Sergio y, si el norteamericano no se ha recuperado del todo, hasta podría superarle. Puede parecer utópico, pero creo que debemos poner nuestras esperanzas en la que puede ser una oportunidad única.
Para empezar el de Castellón, ha iniciado el año con un triunfo, aunque haya sido con fecha de 2008, en el HSBC de Shanghai y ha madurado mucho, gracias, sobre todo, a sus segundos puestos en varios torneos de importancia. De los errores se aprende más que de los éxitos.
Éxitos que, a buen seguro van a reeditar en 2009 Miguel Ángel Jiménez y Gonzalo Fernández-Castaño. En cuanto a Pablo Larrazábal yo confío en él, aunque mi verdadero favorito, al margen del algún tapado que salga inesperadamente, sigue siendo Álvaro Quirós. Espero que el 2009 sea su año.
Basilio Rogado, periodista
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