
Parece fuera de toda duda que el aumento de la afición al golf pasa, sobre todo, por la creación de campos. En Madrid -aunque podríamos escribir también Barcelona, Valencia o Sevilla- , por poner un ejemplo de gran ciudad con un número elevado de practicantes, no llegan a una veintena los campos donde se puede jugar. Y eso siendo generosos porque la gran mayoría son clubes donde es prácticamente imposible colocarse en el tee del 1, si no se es socio o se paga un precio disuasorio.
En la capital de España hay varios proyectos para abrir campos pero, por unas causas o por otras, todos los intentos se diluyen entre el papeleo de los Ayuntamientos y las distintas instituciones menores o mayores, y se atascan por la mala gestión o el amiguismo -que es el umbral por el que se cuelan las corruptelas- de los responsables administrativos. Y por si todo eso no fuera poco, los políticos de más alto copete no creen en el golf “porque es elitista y resta votos”.
Así las cosas, de repente en Boadilla del Monte, a pocos kilómetros de la Puerta del Sol surgió toda una ciudad financiera, la del Banco de Santander que, ¡oh milagro!, se rodeó de jardines y… de un campo de golf. En tiempo record, los motivos del señor Botín hicieron frente a todas las trabas que las Administraciones públicas ponen a la creación de nuevas instalaciones golfísticas y, apareció el Golf Santander.
Y los aficionados que creían que aquel iba a ser un campo más, donde se podría jugar al golf y paliar así la carencia de lugares donde dar golpes/rabazos, según handicap, se llevaron una gran desilusión.
El Santander, que como banco, quiere ser el banco de todos -“queremos ser tu banco”, dice una de sus frases publicitarias-, no quiere ser nuestro campo, el campo de todos. Para empezar las dificultades para acceder al Golf Santander empiezan en la misma entrada, donde hay que enseñar hasta la patita para que te permitan el paso, si es que no te descubren pezuñas de lobo. Antes, por supuesto, hay que llamar para reservar -si se tiene suerte con el teléfono-, aunque también puede hacerse por Internet. Claro que hay que llevar la tarjeta de crédito entre los dientes para poder llegar al tee del uno. Si no eres accionista, empleado o estás empadronado en Boadilla del Monte, seres privilegiados a los que les hacen un descuento significativo, el precio del green fee en día de diario es de 150 € y de 250€ en festivo.
En el Golf Santander tienen un maravilloso campo de prácticas -y una escuela de Jim McLean- con más de 50 puestos para dar bolas y recibir clases, pero como cada hora cuesta 115€ (150€ si la imparte el jefe), la escuela está vacía casi siempre. Exactamente igual que el campo que, al margen del señor Botín que, según parece se da algún paseo que otro a muy buen ritmo y a hora temprana, registra una escasa ocupación que es, por las muestras, lo que desean los responsables de las instalaciones.
Es una lástima no ver esos puestos de enseñanza llenos de niños los fines de semana. Ahí es donde la labor social del banco debería verse reflejada ofreciendo clases gratuitas a los hijos de los empleados y a los niños de Boadilla.
Instalaciones que, por otra parte, son magníficas, desde los vestuarios a los salones. En cuanto al campo, diseñado por Rees Jones -los aficionados esperaban en su día que Severiano Ballesteros fuera el creador del campo, pero debieron existir motivos personales que no se aclararon para que el jugador cántabro no se hiciera cargo de los planos- es un proyecto muy bien realizado, en el que se invirtió y se invierte mucho dinero para tenerlo en perfecto estado de revista y como si se fuera a jugar mañana un gran torneo de la PGA europea o americana, pero que está hecho al margen de los aficionados.
Se trata de un gran campo sí, muy largo. En la web se dice que es el más largo de España, 6.856 metros desde barras negras y uno de los más largos de Europa. Los handicaps bajos y los profesionales lo suelen pasar bien, o no, pero los handicaps medios y altos tendrán que aguantarse. Hasta ahí todo bien. Lo malo es el diseño, inane, aburrido e insípido, teniendo en cuenta lo que es y lo que se vende. Hoyos similares unos a otros, con grandes distancias de green a tee, como en el caso de los hoyos 10 y 11 y con el hoyo nueve a tres kilómetros de la casa club, como para ir andando y salir a tiro a las nueve de la mañana y en invierno.
Bienvenido este club, que fue federado en 2005, aunque no es lo que necesita Madrid y resulta lo menos indicado para combatir la imagen elitista del golf, la de las grandes instalaciones para unos pocos, que es el caballo de batalla de las luchas de todos los detractores de este deporte tan odiado como desconocido.
A la vez que el Golf Santander tendrían que haberse abierto campos públicos, aunque su gestión sea privada, como el Olivar de la Hinojosa, para que puedan acudir todos aquellos que deseen practicar su deporte favorito por un precio razonable, sin guardas de seguridad que te exijan el carné de identidad al entrar al recinto y sin necesidad de llevar la tarjeta de crédito en la boca.
Basilio Rogado, periodista
| Comentarios |
|






