Álvaro Quirós se quedó en casa por segundo año consecutivo cuando se celebra el Open de Andalucía. En 2007 fue una inoportuna lesión, aún sigue recuperando sensaciones, y ahora en este 2008, tras disputar el primer día - acabó con +4- y muchos problemas físicos por culpa de la gripe, tuvo que retirarse. Parece que una maldición persigue al jugador sobre el que se asientan muchas esperanzas del golf español para el futuro, junto a otros como Pablo Martín, Alejandro Cañizares y alguno más. Sin embargo, cada vez que el Tour Europeo llega a las inmediaciones de su lugar de residencia ocurre algo. Dos ediciones del evento que organizan Fernández-Castaño y Jiménez, y otros tantos problemas, siempre físicos, se han cruzado en su camino. En Aloha se han escuchado comentarios tanto a favor como en contra de la postura adoptada por el joven golfista. Desde agradecer su esfuerzo, hasta los que piensan que ni siquiera tuvo que acudir al tee del 1 el pasado jueves.
Con el respeto debido a todas las opiniones hay que conocer, un poco, al jugador para hacer juicios que en ocasiones pueden ser precipitados. Es comprensible su ímpetu por jugar y recuperar el tiempo perdido el pasado año por culpa de la lesión, también quería ayudar, en la medida de sus posibilidades al torneo, ¿se imaginan lo que habría sido este fin de semana en Aloha con el de Guadiaro con opciones de triunfo?, ¿qué cantidad de público podría traer? Además, como ya nos indicó en Doblebogey, tenía una espina clavada con el torneo y por eso pensó antes en el juego que en su propia salud.
“Aloha no es para mí”, espetó ayer, casi resignado pero con su humor habitual, pese a los casi 40 grados de fiebre que mantenía junto a un dichoso virus que llegó en el momento más inoportuno. Por eso hoy, desde esta tribuna, apoyamos y hasta comprendemos lo que hizo Álvaro. A nadie más que a él le dolió ver ayer en el tablón de resultados Quirós García (WD). Sólo por eso merece un respeto, lo demás son ganas de enredar a un joven que sólo pretende disfrutar del golf. “Estaba mal y quizás no tenía que haber jugado, pero tenía ganas y estaba en casa”. El miércoles, con el inyectable que recibió, no tenía fiebre, pero el jueves “no podía más, ya en la calle de prácticas me costaba mucho respirar”, sin ánimo de poner excusas, la realidad es esa. No hay más, Pepín Rivero, y su gente de toda la vida, pese a las intromisiones que algunos quieran ver, cuidan de un jugador que pronto, en cuanto pueda disputar varios torneos seguidos, deberá confirmar todo lo que se apunta sobre su futuro inmediato. De momento, y con gran pena, sigue en su casa en Guadiaro, donde su madre le prepara su dulce favorito, la tarta de chocolate, la pena es que esta semana pensaba degustarla tras llegar de Aloha y contarle todo lo que estaba viviendo, no pudo ser y ya van dos años malditos en el Open de Andalucía, pero habrá más, eso espera él y también los organizadores, todo con el objetivo de acabar con esta leyenda negra que parece perseguir a Quirós en esta competición. Está enfermo, con voz casi desconocida, y con fiebre, lo demás, pese a quién pese, conjeturas de quién el conoce poco. Afortunadamente, Rivero -su experiencia le avala- y su manager de siempre, están pendientes de todo, más allás de esas voces más o menos interesadas.
Alberto Espinosa es periodista de Diario Sur Campo de Gibraltar y de Onda Cero Algeciras
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