Llega el Open de España. Una cita histórica y en la que la Real Federación Española de Golf se vuelca, más aún hay que agradecer el esfuerzo realizado en esta edición dadas las complejas circunstancias económicas que todos atravesamos. Por tanto que a estas alturas de la película un torneo, en el viejo continente, reparta dos millones de euros en premios es, sin peloteo a nadie, para tenerlo en cuenta. El lugar elegido, Girona junto a Barcelona y su entorno que llevan varias semanas en el primer plano deportivo mundial (Conde de Godo, automovilismo, o el propio Barça) recuerdan, salvando las distancias, la actividad frenética del 92. Parece además que los astros, la tarea de despachos y organización, han dado sus frutos.
Lejos quedan algunas de las últimas ocasiones en las que el Open nacional, por mor del calendario, no tenía un cartel tan atractivo como el que ahora disfrutaremos en tierras catalanas. Ya en Sevilla, en 2008, la cosa mejoró pero ahora, al menos por nombres para el aficionado medio, se ha superado. Al empuje de los jóvenes, entre ellos varios de los nuestros, se suman Monty, McGinley, Kjeldsen además de otros ilustres.
Por tanto el preámbulo es sencillamente espectacular, además la organización se ha esmerado notablemente en atender a patrocinadores y aficionados, por lo que es deseable que todo salga bien. Para completar tanto atractivo nada mejor que un triunfo español. Y es que desde el ya casi lejano 2002, cuando Sergio García ganó en El Cortijo de Canarias, la Armada no ha podido llevarse el trofeo. Garrido lo rozó bajo el sol sevillano pero Lawrie se lo arrebató en play-off. Posibilidades hay variadas y algunas bastante serias. Gonzalo Fernández Castaño lleva ya varias semanas amenazando y quién sabe si será el domingo. De Jiménez, sobre todo cuando está en territorio patrio, siempre hay que esperar algo. Larrazábal, más en casa que ninguno, Álvaro Quirós, tras su periplo americano, Lara o un recuperado Pablo Martín, intentarán acabar con la racha.
A todo esto, y quizás por los antecedentes, habrá que estar antentos a los suecos que suelen destacar en la península ibérica. Esa que se viste de gala para recibir el Open de España, sí en Cataluña que es parte de los nuestros. Ojalá que todo salga según lo previsto y el domingo Gonzaga o quién sea, entregue la copa a uno de los miembros de la Armada. Servidor, lo saben los habituales de este digital, no oculta sus preferencias, aunque lo importante es que la copa se quede aquí. El golf español necesita un grande, ya se ha dicho muchas veces, también triunfos en el tour, los hay y opciones casi todas las semanas, pero no estaría de más recuperar el nuestro.
Alberto Espinosa
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