Quizás sea demasiado atrevido escribir esto por mi parte, pero si de algo presumimos, y poco, en este rincón digital es de opinar con libertad. Por ello con estas humildes líneas pretendo hacer una reflexión sobre la situación que vivió Pablo Martín Benavides en el reciente Open de Andalucía en Sevilla. Vaya por delante que apenas he conversado con el malacitano unos cinco minutos en tres o cuatro ocasiones, pero tengo muchos datos sobre su personalidad que me aportan su buena amiga y periodista, Isabel López, además de una amalgama de jugadores, se pueden imaginar de que zona, que siempre comentan lo mismo “joder –perdón- no meteros con Pablo que es muy buen tío y un gran jugador”. Por tanto, uno que ha bromeado a su costa en alguna que otra ocasión, sin maldad Pablo de verdad y te lo puede confirmar nuestra amiga común, sólo quiere dejar aquí reflejado que ese mal momento, desesperación, impotencia o llámale cómo quieras, que viviste en la capital andaluza quizás sea, ojalá porque creo que te lo mereces, el principio de la recuperación.
Es frecuente encasillar a alguien al que apenas conocemos, por su apariencia. Joven, guapo –según las chicas que a mi no me gustas- con posibles y ganador precoz, son algunos de los comentarios que provocan que salga alguno con el tópico “niñato o chulo”, nada de eso es Pablo Martín, al menos por lo que uno conoce y sabe por referencias. Lo que pasó en el RCG de Sevilla, así lo confirma. El llanto, la conversación, por definirla de algún modo, con José María Zamora, y la impotencia que expresabas no es de alguien al que esto del golf le da igual. Luego podemos hacer bromas, Isabel las soporta hasta el día que ganes y nos las devuelva todas, pero en el fondo existe un jugador responsable, con talento y con un gran potencial. Ahora, sólo falta concienciarse que es posible, trabajar, por supuesto, apostar por el esfuerzo y que la suerte te acompañe. Mira Pablo, dicen los que saben de esto, yo soy un observador que ya ni toca los palos como comprobamos en Aloha hace dos años cuando tomé prestado tu putt, que para levantarse hay que llegar al fondo del pozo. Ojalá que el mal rato bajo el sol sevillano te sirva para remontar. Y es que acabó como inicié este artículo que sólo pretende poner de manifiesto el valor que entiendo tienes, no todos los jugadores pueden estar equivocados, por lo que un buen tío merece triunfar, dicho esto quede claro que tampoco es un santo, pero ¿hay alguno que lo sea? Ánimo chaval.
Alberto Espinosa
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