Algunos, los menos jóvenes, recordaran esta pequeña historia. Aprovechando una manifestación estudiantil con su correspondiente y lógico alboroto un individuo ayudado por sus muletas destrozaba a diestro y siniestro todo lo que podía romperse. Escenas que fueron recogidas por las cámaras y que lejos de indignar generaron cierta complacencia en los ciudadanos de buena fe.
Fue la revista Interviú quien descubrió la verdadera cara de aquel falso estudiante, gamberro y delincuente, que aprovechaba cualquier protesta para, escudándose en su minusvalía, dar rienda suelta al vandalismo. Tuvo su momento de gloria e incluso un nombre de guerra: el cojo “Mantecas”.
Viendo al pobre Tiger en el Open USA, arrastrado su pierna, cojeando por las calles de Torrey Pines, quejándose de su rodilla no recuperada y sintiendo su dolor como nuestro cada vez que tenia que forzar para disparar su drive, tuve por un momento aquella misma sensación inicial de ternura, de lastima.
Que incauto. Apoyándose en el putt, su mejor muleta, Tiger roba carteras, rompe estadísticas, te saca los ojos, te machaca y además despierta en los espectadores los sentimientos mas favorables en detrimento de sus competidores.
Si con una sola pierna y un campo tan difícil como el que habían preparado es capaz de ganar el Open, sinceramente ya no sé dónde puede estar el límite de este jugador.
Con la misma sinceridad hay que resaltar la actuación de Miguel Ángel Jiménez y reconocer que algunos de sus golpes fueron tan extraordinarios que si en lugar del malagueño hubiera sido Tiger su ejecutor todavía estaríamos escuchado los gritos de los espectadores.
José Martínez. Editor de Quién es Quién en el Golf Español
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